El insuperable poder de una historia personal

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El insuperable poder de una historia personal

Ha vuelto a suceder. El mundo ha contemplado de nuevo con horror y espanto la imagen de un niño convertido en símbolo involuntario de la guerra en Siria. Y, de nuevo, como ya ocurriera hace un año tras la aparición del cuerpo sin vida del pequeño Aylan en una playa turca, a la consternación general le han sucedido sentimientos de indignación y reacciones de solidaridad.

historia personal

Estamos ante una nueva demostración de cómo una historia personal, incluso esbozada con muy pocos detalles, tiene un poder insuperable para lograr la movilización de la ciudadanía, incluyendo la donación de fondos.

No importa que la guerra en Siria se prolongue ya por más de cinco años, que hayan muerto cientos de miles de personas, que millones de seres humanos se hayan visto obligados a huir de sus casas, ni que más de 8 millones de niños sirios necesiten ayuda humanitaria urgente. A efectos de movilización, toda estadística se desvanece frente al poder de la imagen de un solo niño sentado en una ambulancia, cubierto de polvo y sangre, solo, con la mirada perdida, sin entender el dolor y la desolación que le rodea.

Sabemos muy pocas cosas de este pequeño, las que al parecer ha difundido una de las partes en conflicto, pero las suficientes como para que haya despertado sentimientos de empatía y compasión en todo el mundo: se llama Omran Daqneesh, tiene cinco años y vive en un barrio de la ciudad siria de Alepo.

Nos podemos identificar con él. Podría ser nuestro hijo o nuestro nieto. Podemos imaginarnos sus sentimientos: dolor, confusión, miedo. Conocer su terrible experiencia nos emociona y un resorte interno nos empuja a querer ayudarle. Podemos hacerlo: con una donación. Incluso aunque no hubiéramos donado un céntimo hasta ahora sabiendo que cada día mueren de media dos niños tratando de llegar a Europa a través del Mediterráneo.

Pero a Omran le hemos visto los ojos. Es el poder de la historia personal.


2 Comentarios

Sandra Suárez

13/10/2016 a las 6:25 pm

Hola David!

Gracias por tu artículo. Mi nombre es Sandra Suárez y trabajo para una Fundación en la que ayudamos a los refugiados en Medio Oriente. Tengo experiencia en el tema de fundraising (sobre todo digital) y quería comentarte mi punto de vista.

Si bien es una imagen muy impactante, a veces las publicaciones /emails/comunicados etc que generan mayor recaudo son aquellos que muestran esperanza, ya que imágenes como esta, al ser tan impactante, puede generar un sentimiento de repulsión inconsciente en las personas. Es normal que tendamos a evitar las imágenes de dolor y sufrimiento. Si bien esta imagen puede ayudarte a concientizar, a la hora de pedir ayuda funciona mas el mostrar rostros y mensajes de esperanza. A la hora de dar una conferencia, primero se cuenta el dolor, la persecución, testimonios etc… y se finaliza con un mensaje de esperanza y alegría. Nos funciona bastante bien.

Espero te sirva el comentario.

Sandra

Sandra

David Moreno

13/10/2016 a las 7:01 pm

Hola, Sandra.

Muchas gracias por expresar tu punto de vista, que comparto por completo. Creo que incluso esa apelación a la esperanza va implícita en mi artículo, cuando me refiero al deseo de ayudar que espontáneamente surge en un potencial donante al ver una imagen como la de Aylan o la de Omran. Si el donante creyese que no es posible resolver un problema o no atisbase un ápice de esperanza en que su donación contribuirá a atender una necesidad, nunca donaría. Las personas donan precisamente porque tienen esperanza en que sus contribuciones ayuden a cambiar las cosas.

Por otra parte, el poder de historias personales como las de los niños citados se manifiesta en que todas las estadísticas que desde hace cinco años se han difundido sobre el conflicto sirio no han tenido ni de lejos la misma fuerza conmovedora. Alguien dijo una vez que la muerte de un niño es una tragedia, mientras que la muerte de un millón de personas es una estadística. A eso me refería con el poder de la historia personal.

No obstante, comparto contigo que un enfoque positivo es siempre más eficaz para suscitar donaciones y que imágenes como la de Omran desempeñan, en realidad, una función de denuncia y de sacudir conciencias.

Un saludo,

David Moreno

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