Mirar para otro lado

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Mirar para otro lado

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Apenas ha tenido eco en España la grave crisis en el sector de la captación de fondos que se está viviendo en el Reino Unido, y no creo que debamos mirar para otro lado. La crisis se inició a raíz del suicidio de una anciana que, literalmente inundada por cientos de cartas que cada mes le enviaban multitud de ONG, pudo haberse sentido desbordada emocionalmente y culpable por no poder ayudar más, y acabó arrojándose desde un puente en Bristol.

Desde ese instante, y aunque la familia de la anciana ha terminado disculpando a las ONG al aclarar que la mujer, de 92 años, padecía depresiones, se ha iniciado una persecución mediática contra las organizaciones sin ánimo de lucro británicas y sus, aparentemente, feroces campañas de fundraising. Se está poniendo casi todo en cuestión: las presiones ejercidas sobre los fundraisers que solicitan colaboraciones por teléfono o en la calle, el propio hecho de subcontratar esta tarea a empresas privadas que persiguen un beneficio económico, la compra-venta de datos personales de potenciales donantes y, en general, el grado de respeto y consideración que las organizaciones británicas muestran hacia sus donantes y potenciales donantes.

Sin entrar en las causas de este hecho concreto que nos resulta un poco lejano, sí parece obligado hacer una reflexión sobre cuál es realmente la concepción de la captación de fondos que tenemos en España y de la relación de las ONG españolas con sus donantes. También sobre qué criterios éticos fundamentan y rigen nuestra actividad para atraer a nuevos colaboradores y sobre qué grado de relación mantenemos con quienes han decidido apoyar económicamente a nuestra entidad.

El hecho de que todavía no se haya iniciado un debate tan notorio en España sobre cómo desarrollamos nuestra actividad no quiere decir que nuestro trabajo vaya a estar exento para siempre del escrutinio de la opinión pública. Por eso digo que no debemos mirar hacia otro lado, como si no fuera con nosotros.

¿Desean las ONG españolas crecer en número de donantes y fondos a cualquier precio? Estoy seguro de que la respuesta a esta pregunta sería casi siempre negativa si consultáramos a todas las organizaciones sin ánimo de lucro de nuestro país. Pero si empezamos a rascar un poquito más veremos que aquellas que han formulado estrategias de fundraising más o menos elaboradas manejarán términos como ROI, tasa de retención, tasa de bajas, crecimiento neto, etc, como si aquí no importara más que el crecimiento puro y duro expresado en una fría estadística.

Mi pregunta es: ¿cuántas ONG españolas disponen de planes de captación de fondos que aborden también la relación con los donantes: cómo escucharles, cómo dialogar con ellos, cómo hacer que la relación sea más cercana? Ese es el principal error que cometemos los captadores de fondos: minusvalorar la importancia decisiva, vital diría yo, del desarrollo de una buena relación con los donantes. Uno de los mantras de nuestra profesión es que “la captación de fondos está basada en el establecimiento de relaciones personales“. Por eso, muchos hablan de friendraising, más que de fundraising. Sin embargo, nos obsesionamos una y otra vez con tratar a nuestros potenciales colaboradores como meros números, reduciéndolo todo a una fría estadística y descuidando la relación personal, que es la base de cualquier acto de donación y de fidelización.

Tomemos nota, pues, del debate que se ha iniciado en el Reino Unido y que ha llevado a que se cuestione seriamente la labor de las ONG británicas en la captación de fondos. Reflexionemos no sólo sobre aquellos aspectos éticos que puedan condicionar el desarrollo de nuestra actividad, sino además sobre el grado de relación que mantenemos con nuestros donantes y potenciales donantes. No ciñamos la noble profesión que ejercemos al mero cumplimiento de unos cálculos realizados en una hoja de Excel y recordemos siempre, en todo momento, que son la emoción y la pasión las que, en última instancia, inspiran a las personas a donar… ¡y a seguir donando!